4 de septiembre de 2015

¡QUE TE CALLES!

Vivo en el número 7, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la Alegría
pero siempre que lo intento, ha salido ya el tranvía.
J. Sabina

Llevo unos días poniéndome de puntillas por si alcanzo a ver llegar el otoño, pues lo estoy esperando con ganas. 
Si alguno tiene noticias de él, por favor, que me avise.

Empachado de tantos bochornos seguidos, el cuerpo me pide ahora brisa en la cara, lluvias de charco  y paseos sobre crujiente hojarasca.
El cuerpo también me pide callejear. Y escribir. O escribir callejeando, que es lo que me propongo a hacer ahora. 
¿Alguien me acompaña?
No existe ninguna Calle Melancolía (que yo sepa) pero en Madrid sí está el Paseo de Los Melancólicos, que con un nombre así ha de ser el mejor escenario para poetas taciturnos y enamorados no correspondidos. Casi puedo imaginarlos cruzándose en la acera, intercambiando lánguidos buenos días.
—¿Qué tal, Don Ignacio? ¿Cómo va la vida?
—¿La vida? —largo suspiro—  Ay, la vida...
—¿Dónde vive usted?
—En la calle de la vida.

¿Puede haber respuesta más poética? A mí me parece una hermosa metáfora, pero los afortunados vecinos de esa calle de Tudela, en Navarra, sin pensar en absoluto en lirismos, pueden responder así de bien. ¡En la Calle de la Vida! Ahí es nada.

—¿Por quién pregunta usted? ¿Por Margarita? No, ya no está aquí en la vida.
—¡Vaya! ¿Murió?
—No, se mudó a la Calle Mayor.


Para sacudirse de encima penas y sinsabores... hay que viajar al sur. Esto ha sido así siempre. Y en Granada podemos encontrar la Calle Yerbagüena, que solo mirando su placa dan ganas de cantar una copla con lenguaje fresco y sin ataduras.

Yo tenía una agüela que vivía en la Yerbagüena
¡La vin, qué arte tenía, y cómo comía sin muelas!

(Foto cedida por mi amiga María José Olalla, de Graná)

He de confesar que me encanta el nombre de esta calle, pero yo, particularmente, me negaría a domiciliarme en ella. Entended que sonaría muy raro que un diablo viviera en el Paraíso. 
No obstante, mirando esta foto hecha por mi amigo Manu de la Calle del Paraíso, de Cartagena, observo que la placa parece estar quemada. Esto me alivia, pues parece demostrar que no existe el paraíso perfecto, que siempre habrá de convivir con el contrapunto diabólico. Que no hay bien sin mal, vaya, y así es la vida, que diría un melancólico (pero no de Granada, claro)


Aquí sí. Esta calle de Cáceres me viene como anillo al dedo: Calle Cornudilla
Si existe en ella el número 66 que me lo reserven, ¡que voy!


Y yo que al descubrir esta Cuesta de la Sangre imaginé una historia cruel y truculenta,  con navajazos a la luz de la luna... Pero este lugar de Trujillo, cuna de grandes descubridores, debe su nombre al hecho de ser una pendiente que lleva a la Iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo, construida en el siglo XVII. Adiós, imaginación calenturienta. Otra vez será.


Que la sangre es preciosa y preciada lo demuestra el que haya muchas localidades en todo el país que dediquen una calle a los que la donan. Esta Calle del Donante de Sangre en concreto, pertenece a la ciudad de Yecla, Murcia (¿De qué me sonará a mí esto de Yecla?)

Me pregunto si se decidirán a inaugurar algún día una Calle del Pagador de Impuestos, que no deja de ser preciado, digo yo.

—¡La virgen! ¡Qué libros más buenos he comprado!
—¿Sí? ¿Dónde?
—En la Calle de la Virgen de los Buenos Libros.
—¿Me tomas el pelo?

Pues sí, existe la Virgen de los Buenos Libros, y tiene una calle en Sevilla. Y como la realidad es mucho mas atrevida y más chula que la ficción, me aventuro a pensar que quizás exista una Virgen de los Best Sellers y una Virgen del Libro de Bolsillo. Oye, cosas más raras se han visto.


Señoras y caballeros, nuestro paseo por calles de los cuatro puntos cardinales del país toca a su fin. Yo me detengo en Castellón para visitar a mi querida amiga Alicia Torres, que me regala esta foto de la Calle Caballeros

¿Existirá alguna Calle Señoras? 

Es una pregunta que lanzo como un reto, por ver si alguien la descubre. De ser así, recordad que tenemos un Álbum de las calles extraordinarias donde coleccionamos calles que, más que calles, son... requete calles!

24 de agosto de 2015

PERDERSE PARA ENCONTRARSE

Hay lugares que, sin ser de nadie, siempre serán  solo míos.
 Caminos a campo abierto que me llevan a lo más dentro de mí.
Paisajes azules y pardos que recorro a solas  cada verano,
para conversar con los silencios que, en ocasiones,  me traen respuestas.
Sé que el mundo está lleno de belleza, pero el encanto de este lugar en concreto...  no lo cambio por ninguno.
Me llama, me envuelve, me regala aromas, me susurra brisas...
Consigue hacerme llegar muy lejos sin sentirme jamás perdido.
Porque siempre encuentro alguna señal indicándome por dónde seguir.

Cuántas horas he pasado sin hacer nada más que sentarme a contemplar su belleza 
y a empaparme de su paz.
Ya estoy deseando volver a verte.

(Fotos tomadas en La Magdalena, Umbría del Factor y Morrón del Puerto, 
montes y valles de Yecla. Agosto 2015)

15 de agosto de 2015

CALMA CHICHA

Por alguna razón que no alcanzo a comprender, aún me llega la señal de Wi-Fi.

Sin más electricidad que la que me proporciona la turbina de viento, escribo sin descanso desde la puesta de sol hasta cerca del amanecer.

Con los cerrojos echados, las persianas bajadas, refrescándome en silencio  con una esponja que humedezco del cubo a mis pies.

El tiempo en estas horas parece ir posándose en el suelo hasta quedar inmóvil, como si pesara tanto que le resultara imposible seguir  avanzando.

Pero siempre vuelve a amanecer.

Amanecer es mi mayor alivio.

Y mi mayor angustia también.

Solo salgo  a la luz del sol si es absolutamente imprescindible y tan solo lo hago si las cigarras cantan con fuerza. 
Mientras cante una cigarra sé que no habrá peligro.

Las tardes grises o los días de viento que hacen enmudecer a los insectos  continúo en la casa sin atreverme a subir  las persianas siquiera. 

Y el silencio es tan denso como el aire de una tumba.

Aquí dentro el calor es sofocante. Sé que debería huir a las cuevas de la Espina, tal vez haya gente refugiada en aquella zona. Pero para eso he de salir de aquí,  y aún no me atrevo.
No me atrevo.

Quizás  las cigarras sean los únicos seres vivos en kilómetros a la redonda.
Las cigarras y yo, si me cuento como un ser y haciendo un gran esfuerzo por considerarme vivo.

Anoche, mientras llenaba el cubo del aljibe, pensé en aquellos meses de 2015  que me hicieron aborrecer el verano para siempre. Y recordé cuánto desprecie a los meteorólogos de la tele, que sonreían al decir que se marchaba la sexta ola de calor, pero que llegaba la séptima con más fuerza.

Y después... aquel otoño  en el que todo acabó.

¡Maldito sol que hizo mutar las plantas, las flores, los frutos…!

¡¡Maldito Hombre Cacahuete!!


Gracias a Dios que las cigarras te dan miedo. 
Y que aún no me has encontrado.


30 de julio de 2015

CHARLANDO CON FRIEDRICH MURNAU

PRIMERA ESCENA / erste Szene

Digamos que ahí, ante la pantalla del ordenador,  estoy yo mismo (JR),  disfrutando al revisar carteles de grandes películas del cine mudo, más concretamente aquellas que  pertenecen a lo que se denomina “el expresionismo alemán”. 

Tan atractiva me resulta la estética de aquellos carteles que hago un collage con algunos de ellos.
Es una calurosa noche de verano, las ventanas están abiertas pero no corre ni la más leve brisa. Sin embargo, uno de los visillos se mueve levemente.

SEGUNDA ESCENA / zweite Szene

FRIEDRICH:  ¿Me has llamado?
JR :  (asustado) ¿Cómo? ¿¡Quién es usted!?
FRIEDRICH: Me llamo Friedrich... Friedrich Plumpe, aunque seguro que te sonará más el nombre de  Friedrich Wilhelm Murnau.
JR: ¿¿Murnau?? ¿El cineasta alemán?
FRIEDRICH: Exacto. Creo que me has estado llamando, ¿no?
JR: Pues...  la verdad es que no. Pero esto es muy curioso: hace unos días supe de usted por la noticia de que habían asaltado el panteón donde está sepultado y se habían llevado su cabeza.  Eso me llamó la atención.
FRIEDRICH: Tutéame, por favor (acto seguido se pasa una mano por el cabello) Es cierto lo que dices, pero ya ves que ante ti me presento completo.
JR: Pero no sé que hace usted aquí. ¡Yo no le he llamado!
FRIEDRICH: Quizás lo hicieras en sueños. De alguna forma, sin pretenderlo, me has invocado. Pero no tengas miedo, solo estoy de paso, y ya que tienes la oportunidad de conocerme mejor, aprovéchala, charlemos como dos amigos.
JR: Bueno, es que esto es tan extraño...  ¡Murnau ante mí!  Yo... Dígame... ¿por qué cree que se llevaron su cabeza?
FRIEDRICH: ¿Por qué te empeñas en tratarme de usted? ¿Sabes que dejé este mundo a los 42 años? ¡Soy más joven que tú!
JR: Está bien, Friedrich, te voy a tutear.
FRIEDRICH: Gracias. Bueno... te sorprendería saber lo acostumbrado que estoy a estos asaltos. No ha sido la primera vez que me visitan a altas horas de la madrugada, ni la primera que sacan mi cráneo del sudario. Una vez lo hizo alguien disfrazado de Nosferatu. Sí, como lo oyes. Encendió seis cirios en círculo y colocó mi cráneo en el centro. Después estuvo leyendo unas frases que no llegué a comprender. Antes de marcharse lo dejó todo tal y como estaba antes de entrar. Otras veces también me sacaron al exterior. Solo en esta ocasión no me han devuelto.
JR: ¿Y cómo se siente? Perdón... ¿Cómo te sientes? ¿Estás enfadado?
FRIEDRICH: Pues lo cierto es que no. Te puedo asegurar que el que lo ha hecho ya se siente mucho peor que yo. El sentimiento de culpa llega a atormentar a muchos hombres.
JR: Sigo anonadado por tenerte aquí delante, Friedrich. ¡Tú has sido uno de los más importantes directores del mundo! Tu película Amanecer está considerada todavía entre las diez mejores de la historia del cine, y la mejor de la época del cine mudo.
FRIEDRICH: Ah, aquellos tiempos... Esa fue mi primera película para Hollywood, después de años trabajando en Alemania, y sí, la hice con el mayor mimo, exigiéndome a mí mismo toda la perfección posible. Un año después se crearon los Premios de la Academia y Amanecer consiguió tres estatuillas. Yo recibí uno, pero me alegré mucho más por Janet Gaynor.
JR: ¿A qué se debió ese salto a América?
FRIEDRICH: Pues verás, la República de Weimar, el régimen político en el que yo viví, solo quería incentivar las producciones nacionales y cerraba las puertas a todas las producciones extranjeras. Pero tras la I Guerra Mundial, llegó la crisis y ya no era viable llevar a cabo determinados rodajes. Los productores alemanes visitaron entonces a grandes empresarios norteamericanos y llegaron a importantes acuerdos. Gracias a estos llevé al cine célebres  producciones teatrales, como el Tartufo, de Moliere y el Fausto, de Goethe, que supuse serían de interés en otros lugares del mundo. Y efectivamente, cuando estas películas se dieron a conocer, William Fox se puso en contacto conmigo y me propuso firmar un contrato. Ahí empezó mi aventura americana.  
JR: Que duró bien poco...
FRIEDRICH: Así, es, JuanRa. Es curioso, en la guerra fui piloto aéreo, tuve muchos percances en vuelo y un grave accidente en Suiza que pudo costarme la vida, sin embargo no había llegado “mi hora” todavía. Fue estando en la soleada Santa Mónica, en una etapa de gran reconocimiento y mucho trabajo,  cuando  un absurdo accidente en coche me arrebató la vida.
JR: ¡Qué fatalidad!
FRIEDRICH: Y lo que son las cosas, mientas me enterraban en Sathnsdorf, se estaba estrenando Tabú, mi última película en Estados Unidos. Mientras me daban sepultura, aparecía mi nombre en una pantalla a miles de kilómetros de allí.
TERCERA ESCENA / dritte Szene

JR: De las películas que hiciste, ¿con cuál te quedas?
FRIEDRICH: Creo que con determinados momentos de todas, aunque tal vez sea El último la que mejor sabor me dejó. ¿La conoces?
JR: No, no la he visto, ¿de qué trata?
FRIEDRICH: Es la historia de un portero de un hotel de lujo, un anciano orgulloso de su trabajo. De golpe es degradado a mozo de los lavabos. Tan abatido se siente que intenta ocultar a todos su nueva condición y cada día roba su antiguo uniforme para aparentar que todo sigue igual. Pero, claro, ya nada es igual.
JR: Intentaré verla, parece muy emotiva.
FRIEDRICH: ¿Y tú? ¿Alguna preferencia?

(En ese mismo instante empiezan a sonar las 12 de la noche en el reloj del salón)

JR: Yo he de admitir que tan solo conozco una de tus películas, Friedrich, una que realmente me fascina: Nosferatu.
FRIEDRICH: Lo imaginaba. Ah, Nosferatu... Nosferatu tiene su historia, ¿sabes?
JR: Leí que tu intención era que se llamara Drácula.
FRIEDRICH: Claro, pero la viuda de Bram Stoker no accedió a vender los derechos de la obra, así que como yo estaba obstinado en realizarla, hice algunos cambios. El conde Drácula pasó a ser el conde Orlok, y el matrimonio protagonista y los lugares también fueron cambiados.
JR: Sí, pero la historia era básicamente la misma.
FRIEDRICH: Efectivamente, y eso hizo que la viuda de Stoker nos demandara. Hubo un juicio que llegué a perder y fui condenado a destruir todas las copias de la cinta. Por fortuna, unas pocas  ya se habían distribuido por el mundo y permanecieron escondidas por particulares hasta la muerte de la viuda de Bram Stoker.
JR: De no haber sido por esto, hoy no conoceríamos Nosferatu. ¡Qué crimen destruir semejante maravilla!
FRIEDRICH: Bueno, otras han corrido peor suerte. En la Historia ha habido cientos de películas destruidas y perdidas para siempre. Te aseguro que muchas eran auténticas obras de arte. No sé si sabrás que algunas de las películas que yo hice ya no podrán recuperarse jamás, y otras... quién sabe.
JR: ¿Cómo es eso?
FRIEDRICH: Muchas se han deteriorado por el paso de los años. Se han conseguido reconstruir algunos trozos, pero en su mayor parte son irrecuperables. De Satanás, por ejemplo, de 1920, solo se conserva un fragmento, y de Los cuatro diablos, de 1928,  algunas escenas y varios dibujos, que permiten conocer parte de la historia.
JR: ¡Madre mia! ¿Satanás? ¿Los cuatro diablos? ¡¡Solo por esos títulos  ya me son valiosas!!
FRIEDRICH: Y otras andan extraviadas, e incluso ocultas. Phantom apareció recientemente. Se creía perdida pero  alguien encontró en un almacén una copia en buen estado. Esto ocurrió  hace solo 10 años, si no me equivoco.
JR: ¡Increíble! Imagino la emoción de recuperar algo así... Pero volviendo a Nosferatu, yo, que soy un enamorado del cine de terror la considero excelente. Incluso el hecho de que se noten cortes y se vea tan deteriorada la hace más especial.
FRIEDRICH: Es posible que hayas visto una de las muchas copias sobre copias que existen. Te advierto que existen algunas con cortes de escenas. De todas formas tampoco existe esta película en su metraje completo.
JR: Es curioso porque también la he visto varias veces en internet, y en una de ellas la banda sonora era distinta. Era una música extraña, perturbadora, y en ocasiones hasta  desafinada, pero creo que eso conseguía que las escenas resultaran aún más espeluznantes.
FRIEDRICH: La música siempre fue algo fundamental en aquellas películas. Quizás en alguna de sus restauraciones añadieran otra banda sonora.
JR: Es... bueno, no tengo palabras para definirla, pero pocas películas consiguen atmósferas tan angustiosas. Esos claroscuros... esas imágenes fijas... esos escenarios tan inquietantes...
FRIEDRICH: Todos los escenarios exteriores fueron reales, algo que en aquella época era muy poco habitual por lo complicado que resultaba grabar fuera de los estudios.
JR: ¿Y qué me dices del actor? ¿Quién era ese Max Schreck? Además con ese apellido, que significa "susto". He oído...
FRIEDRICH: (Ríe) Has oído que era realmente un vampiro, ¿no es eso?
JR: ¡Sí!
FRIEDRICH: Todo es debido a un malentendido. Yo convencía a mis actores de que eran realmente los personajes que interpretaban. A Max le dije: “Eres un vampiro, ¡lo eres! y vas a morder el cuello de Greta, y lo vas a hacer de verdad”. Lo gracioso es que me obedeció y la actriz, que se sentía muy inquieta al rodar esa escena, gritó con fuerza al recibir el mordisco. Todo el equipo miró a Max con aprensión y se corrió la voz de que yo, buscando el máximo realismo,  había contratado a un vampiro. Ahí debió nacer la leyenda.


CUARTA ESCENA / vierte Szene

JR:  Leyendas negras aparte, no puedes negar, Friedrich, que Nosferatu tiene un balance trágico e inquietante: Max murió repentinamente de un ataque al corazón, un cámara de la película se rompió el cuello en un accidente, uno de los guionistas también falleció. Y tú mismo, unos años después.
FRIEDRICH: Oh, vamos, ninguno fue durante el rodaje. Seguro que hay multitud de ejemplos similares que no han trascendido. Todo el mundo muere tarde o temprano, pero el  hecho de ser casos vinculados a Nosferatu  alimentó el morbo de la gente. Y así será siempre, me temo.

Diciéndome esto percibo que la cabeza de Murnau es semitransparente, y a través de ella puedo ver los visillos de la ventana. Me doy cuenta de que nada de esto tiene una explicación convincente, que no es posible que esté hablando con un muerto que aparenta estar vivo. ¿Y por qué ha resucitado? ¿Para qué ha venido? Murnau me mira y durante un instante parece saber lo que pienso.

JR: Friedrich, ¿puedo hacerte una última pregunta?
FRIEDRICH: Adelante.
JR: ¿Eres un vampiro?
FRIEDRICH: (sonríe levemente) Y tú, JuanRa, ¿eres un diablo?


PD: Mi reto para este verano: ver todas las películas posibles de W.F. Murnau. He comprobado que muchas de ellas se pueden ver en Internet. Sí, ya he empezado a perder la cabeza por aquel cine.

25 de julio de 2015

PERDER LA CABEZA CON PASIÓN

Desde hace unos años, cada verano me encuentro, sin pretenderlo, con la semilla de una pasión.

Empieza con alguna idea repentina que simula pasar de largo, pero la muy ladina  se  instala en un rincón de mis mitocondrias y empieza a echar raíces.

Y luego crece, y crece... y se convierte en una ilusión como la copa de un pino.

Unos veranos atrás me dio por aprenderme las capitales de todos los países del mundo. La geografía siempre me resultó entretenida y siento una atracción inmediata por los mapamundis, tanto  físicos como  políticos, así que compré unas cartulinas y con paciencia fui recortando pequeñas tarjetas rectangulares. En una de las caras escribí el nombre del país y en el reverso su capital. Así hasta 190.

Después conseguí unos mapas mudos  de los cinco continentes y ahí empezó el reto de localizar cada país y además decir su capital. 
Ayudado a veces por mis hijos, que también aprendieron lo suyo, logré grabar en la memoria toda Europa y toda América, y casi lo consigo con Asia y África, que a día de hoy siguen resistiéndose por culpa de nombres como Naipyidó, Yamusukro o Nuakchot.

¿Que si disfruté con esto? ¡Como un cochino!

En otro verano me ilusionó la idea de pasar todo un día en el monte, recorriendo de un extremo a otro la Sierra de la Magdalena de Yecla. Siempre he dicho que no fui yo el que tuvo la iniciativa de hacerlo, sino la Magdalena, que me llamaba a gritos cada vez que la miraba. Cuando  caían las tardes estivales y el sol daba un color anaranjado a su cima, yo la recorría mentalmente y sentía la imperiosa necesidad de conocerla de cerca, paso a paso.

Y lo hice.

Fue una experiencia extraordinaria, que ya conté en el blog, empezando a caminar muy temprano y pasando muchas horas a solas con la Naturaleza más agreste. 
No me privé de dormir la siesta a la sombra de un gran pino, ni de hablar a gritos con el eco de algunos barrancos o de contemplar una bandada de cuervos que me graznaban desde el cielo y que parecían enfadados de verme en sus dominios.

Todavía hoy, cuando contemplo la montaña desde lejos, la oigo susurrarme que vuelva  a recorrerla algún día.

El verano pasado me aprendí varias canciones en otros idiomas. ¿Que por qué? ¡Y yo que sé! La semilla de la pasión  germinó esa vez con esa apetencia ineludible. El cuerpo me pedía hacerlo y lo hice y, bueno,  hoy puedo decir que me sé una canción entera en francés, otra en italiano, otra en portugués, y hasta una en sueco.  
Sé lo que dicen sus letras y creo que no las pronuncio mal del todo.
Esto me recuerda a lo que he pensado muchas veces: que sería divertido aprender en los idiomas más importantes del mundo la siguiente frase:

“Lo siento, pero no conozco ni una sola palabra de su bello idioma, pero espero aprenderlo algún día”

¡Ja! No me digáis que no sería un puntazo toparse con alguien de Japón y decírsela en japonés. O en perfecto ruso a un moscovita.
Sí, vale, será una tontería, pero os aseguro que la semilla de la pasión no tiene en cuenta si las ideas son peregrinas. Cuando le llega el momento de germinar... no te queda más remedio que llevarlas a cabo.

Este verano, también he perdido  la cabeza de forma repentina, y curiosamente la cosa vino dada por la pérdida de otra cabeza.

Encontré en un periódico la siguiente noticia:

ROBADO EL CRÁNEO DE MURNAU, DIRECTOR DE “NOSFERATU”

Creo que ya sabéis que soy un apasionado de los zombis y los vampiros, así que siempre doy la bienvenida a todo lo que tenga que ver con muertos vivientes,  muertos a medias,  o individuos raros que se alimentan de sangre o  de vísceras. ¿Puede haber cosa más atractiva? El nombre de Nosferatu, por tanto,  me obligó a seguir leyendo.

Y me enteré de que hace unos días, en un cementerio cercano a Berlín fue hallada profanada la tumba de Friedrich Wilhelm Murnau, director del legendario "Nosferatu" (1922) 

El encargado del cementerio descubrió que al cuerpo del cineasta, que reposa allí desde 1932, le habían robado la cabeza. La policía sospecha que el móvil del robo pudiera ser la celebración de algún ritual satánico (qué le vamos a hacer, la gente me adora) 

Leí entonces la biografía de Murnau, y especialmente lo relacionado con la película Nosferatu. Al parecer, al cineasta alemán le fascinó la novela de Bram Stoker, Drácula, y la semilla de la pasión le impulsó a llevarla al cine. Pero no consiguió que la hija de Stoker le vendiera los derechos de la obra, por lo que no tuvo más remedio que crear su propio Drácula, cambiando los nombres de los personajes y los lugares. Así nació "Nosferatu, una sinfonía del horror"

Podría contar más cosas de Murnau, o de Nosferatu, o incluso de Max Schreck, el actor que dio vida (¿o debería decir muerte?) al vampiro, y del que corrió el rumor de que era un vampiro de verdad, pero si me alargo más no contaría nunca qué idea surgió en mí tras todo esto.
Pero ahora que lo pienso... ¿y si concluyo aquí la entrada y compruebo si alguien es capaz de adivinarlo? 
¿Cuál puede ser mi reto apasionado para este verano? 
¿Por qué me ha dado fuerte este año? 

Reflexionen ustedes, intuyan, comenten...  y ya apareceré yo de nuevo para contarlo.

(Nota: No, comer vísceras no es) 

15 de julio de 2015

¡¡NENES, ALASKA!!

Siguiendo con los recuerdos relacionados con la música, hoy contaré una anécdota que al rememorarla  siempre me hace reír.  A mí y a mi amigo Juan Luis.

Solo podía titularse ¡¡Nenes, Alaska!! (ya entenderéis por qué) pero podría llevar el subtítulo de El día en que mi madre fue más joven que yo, o lo que es lo mismo: El día en que fui mucho más carroza que mi madre.

Para situarnos en el día en cuestión,  hemos de retroceder a los primeros años ochenta, cuando el panorama musical era un constante hervidero de canciones de grupos y solistas que ocupaban listas de éxitos en la radio y que también se promocionaban con frecuencia por televisión. Para mí, y para tantos jóvenes de entonces, el día a día era música y más música, y nunca nos cansábamos de descubrir lo mucho que nos ofrecía.

Recibía yo entonces en mi casa el BID, el Boletín Informativo Discoplay, que como muchos  recordaréis era un catálogo en el que se ofertaban discos que uno podía pedir rellenado una solicitud  y pagándolos contra reembolso al recibirlos. ¡Cuánto me gustaba  hojear el BID, e ir señalando todos aquellos discos que me atraían!
En aquellos años, gran parte del dinero que ahorraba iba destinado para la compra de discos,  y nada me satisfacía más que conseguirlos a buen precio, y en este sentido Discoplay me hizo grandes favores.

Desde Madrid recibí muchos longplays que continúan hoy como tesoros de vinilo en mi discoteca. Recuerdo que el primero fue el Synchronicity, de Police, que escuché durante horas. Después llegarían discos de Fleetwood Mac, de Pat Benatar, de Joaquín Sabina,  Mike Oldfield, Pink Floyd, Depeche Mode, A- Ha... Sin duda, el hecho de que pasaran unos días antes de recibirlos los hacía aún más deseados y más especiales.

Bien, nos vamos acercando a esa exclamación de ¡¡Nenes, Alaska!! , mítica para mí, con la que he abierto esta historia.
Ahora habréis de imaginaros a Juan Luis y a mí repasando uno de aquellos BID. Debía ser 1984, (¡qué año tan orwelliano!). Las paredes de mi habitación  estaban decoradas con posters: de Olé olé (con Vicky Larraz, aún no había llegado Marta Sánchez al grupo), de Queen, y, sobre todo y cómo no, de ABBA.
(Juan Luis habla en azul y yo en rojo)

Linda Ronstadt... ¿quién será esta?
¿Quién?... Ah, sí, me parece que canta country
¿Y George Winston?
Ni idea, pero me da a mí que es todo instrumental. Igual es estilo Vangelis, o algo así.
¿Vas a pedir algo?
Sí, este de Dire Straits.
Vale, yo este de Sade. Podemos pagar gastos de envío a medias.
¡Mira aquí! ¡Discos a 100 y 200 pesetas!
¡Qué chollazo!
¡Cómprate este! ¡Nada menos que Gloria Lasso!
¿Gloria Lasso? Ni me suena
¿Cómo que no? La de La luna de miel. Y empezó a cantar con voz atiplada: Nunca sabré cómo tu alma ha encendido mi nocheee... la lunaaa de mieeel....
Jajajajaja, ¡ni de coña!
Sí, tío, pídelo y lo pagamos a medias. ¡Aunque solo sea para oírla y reírnos!
¿Y luego quién se queda el disco? Yo me niego a tenerlo, que tengo un prestigio que mantener.
Ah, yo tampoco, nos lo tendremos que ir quedando por temporadas.

Y así fue que por culpa de las risas, (y de la ganga), pedimos un disco de éxitos de Gloria Lasso, que llegó a Petrel unos días después.

Y en mi habitación volvíamos a estar los dos, escuchando nuestros nuevos discos cuando llegó el turno de desprecintar y dar protagonismo  a la Lasso, precedido de un hilarante preámbulo de falsa emoción.

No sé si estábamos extasiados con la Luna de miel o con Corazón de melón cuando de repente mi madre abrió la puerta de la habitación, asomó la cabeza y exclamó: ¡¡Nenes, Alaska!!
¿¿Cómo??
¡Que está saliendo Alaska en la tele, venid a verla!

Creo que no olvidaré en la vida la cara con la que me miró Juan Luis, y mucho menos el momento en que  dijo “¿Qué está pasando aquí?”, que me hizo reír a carcajadas al comprenderle inmediatamente.

Porque ¿cómo era posible que mi madre nos llamara emocionada por ver a la extravagante y moderna Alaska mientras nosotros escuchábamos como pánfilos a una mujer nacida en los años 20? ¿No debía haber sido al revés, que ella estuviera escuchando a Gloria Lasso y nosotros disfrutando del Cómo pudiste hacerme esto a mí, de Alaska y Dinarama?
El contraste entre Alaska moviendo su melena y  largas uñas en la tele cuando aún se oía a lo lejos en mi habitación “Ya siempre unidos , ya sieeempree”, nos hizo reír hasta no poder más. 
De repente nos habíamos convertido en unos jovencitos ñoños que escuchaban canciones pasadas de moda, y mi madre pasaba a ser  la más transgresora de la familia.  De hecho, unos años antes ya nos había dejado de piedra al decir que le encantaba el Whatever you want, de los Status Quo. “Me gusta muchísimo, tiene mucha fuerza”  Y aún hoy, a sus 74 años, flipa con Michael Jackson, y deja todo lo que tenga entre manos por verle en actuaciones en TV.

Muchos años después, cuando la música bakalao que tanto hemos despreciado Juan Luis y yo, era lo que predominaba en los gustos de los jóvenes, volvimos a tener un puntazo friki inolvidable.
Se nos ocurrió pasar en coche  por la puerta de los pubs y discotecas de moda con las ventanillas bajadas y con la música a todo volumen, tal y como acostumbraban a hacer muchos chavales de la época. Pero nosotros no llevábamos aquellos ruidos de máquinas ralladas de entonces, nosotros llevábamos... otra cosa.
Sí, nuestra forma de contraatacar contra el mal gusto de forma extrema fue dejar que del interior de nuestro coche sonara a todos los decibelios posibles el  Hablemos del amor de Raphael y otra vez aquello de Nunca sabré como tu alma ha encendido mi nocheee... de Gloria Lasso, que parecía un ángel glorioso atravesando el horror de los infiernos.

Solo cuando dejábamos atrás las caras de estupefacción de la gente, estallábamos en risas.

Hace poco le pregunté a mi amigo si se acordaba del “¡¡Nenes, Alaska!!
Calla, calla, que no se entere nadie de aquello.
No, tranquilo, solo lo voy a contar en el blog.
¡Cómo te atreves! Bueno, pero que conste que al final el disco de Gloria Lasso te lo quedaste  tú. ¡A mí que me registren!