15 de noviembre de 2009
10 de noviembre de 2009
LAS BINGUERAS ATACAN DE NUEVO
Los capos mafiosos de Estados Unidos que se ocupaban de los casinos y otros negocios fraudulentos de la isla son detenidos.
Un capo y otros seis mafiosos son asesinados a balazos por los miembros de una familia rival enfrentada por intereses en el control de casinos.
La mafia rusa asesina al dueño de varios casinos de la ciudad. Otros empresarios denuncian haber sido extorsionados.
Ninguna mafia exterior controla el lugar. Las bingueras son su propia mafia y lo controlan todo. La tragedia se masca con dentaduras postizas. Ningún crimen registrado (todavía).
Desde el primer día en que empecé a trabajar aquí se me aleccionó de cómo debía tratar a las personas mayores del centro.Yo escuchaba esos consejos un poco incrédulo ante lo que oía, pues parecía más bien que me estuvieran hablando de niños de guardería en vez de adultos hechos y derechos. Con el tiempo he comprobado que, a veces, no hay tanta diferencia entre unos y otros.
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Buena gente, si.
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Como medida preventiva ante la gripe A, recientemente llegó una circular de la Consellería que prohibía servir jarras con agua y vasos a los usuarios de centros de mayores para evitar contagios. Desde entonces cada cual ha de traer su propio botellín de agua. Bueno, pues algunas bingueras me reprocharon el que ya no entre yo a la pajarera a llevarles agua.
—Oye, que cada vez trabajas menos, tú…
—Bueno, a mí no me importaba traerles agua, es sólo que ahora ya no se debe.
—Sí, si, mucho cuento…
—No les hagas caso – me dice Josefina – que lo queremos es que te acerques para ver carne joven.
—Ay, sí, ten cuidado, paloma, que aquí tenemos mucha hambre de carne fresca.
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Nunca entendí el que haya señoras que vienen al bingo a la 1 de la tarde cuando el juego no empieza hasta pasadas las 3. Supongo que lo harán masticando la última cucharada por la calle y con el postre en el bolso. ¡Qué manera de correr! ¿A qué se deberá tanta prisa?
Resulta que entre toda la mafia que allí se congrega hay un par de capos que cantaban más bingos de lo habitual y no precisamente por golpes de suerte.
La que antes llega al bingo tiene derecho a elegir cartón en la primera ronda y conservar el mismo en las demás o bien cambiarlo por otro si lo desea. Estas astutas mafiosas elegían sus cartones y ya no los soltaban hasta el final. No sé quién haría las posteriores pesquisas pero alguien descubrió que el bingo electrónico tiene un curioso defecto. Se supone que es una máquina en la que aleatoriamente se van iluminando los números y éstos son los que va cantando la portavoz. Se supone también que esa mezcla de números que muestra la pantalla es cada vez distinta, ¿no? ¡¡Pues no!! Este bingo electrónico suele repetir un par de números cada vez que empieza, otros dos al poco tiempo, otros dos después y siempre hay una serie de números que tardan mucho en aparecer.
Así es que estas damas del juego se percataron de que el 15 y el 90 salían enseguida, que el 24 y el 62 poco después, que el otro y el de más allá surgían pronto y que la espera de tal y tal y tal número se hacía eterna. Bien, sencillo entonces ponerse a buscar entre todos los cartones aquellos que tuvieran la mayor combinación de esos números favorecedores y ninguno de los postergados. Las posibilidades de llenar antes esos cartones y cantar bingo eran mucho más altas.
Como a uno no le gustan los deportes de riesgo no me acerqué por La Pajarera cuando estalló la bomba pero sí os puedo decir que hubo reunión urgentísima de los mandamases para solventar la situación y se determinó que como el bingo es un juego de azar, los cartones se repartieran sin orden alguno y sin posibilidad de elegir uno en concreto. El que te toque te ha tocao y si te pica te rascas.
Pues bien, con los ánimos aún en ebullición, cada vez que por cualquier cosa entro en el bingo aún hay quien piensa que todo se debe a que me he cansado ya de ordenar los cartones como hacía desde que aquí llegué.
—¿Qué pasa contigo? Ya ni agua, ni los cartones ordenados... ¡Contentas nos tienes!
—Pero si yo no...
—Como no nos cuides bien nos moriremos todas y a ver de qué trabajas tú.
—Y a ver si arreglas esta mesa, que cojea.
—Y pon papel en el aseo grande.
—Y cuando llueve hay una gotera aquí que me cae en la cabeza y me tengo que apartar.
—Y ya va siendo hora de que enciendas la calefacción, que nos estamos helando...
—Y..., y...
Y Josefina me mira y pone esa cara suya que dice "Qué jodidas somos las viejas, ¿eh Juanillo?" y a mí me entran ganas de besar su anillo.

Sobre las 7 de la tarde empiezan a salir de La Pajarera para marcharse a casa, y al hacerlo pierden ese hechizo diabólico y vuelven a ser las mujeres encantadoras de siempre.
—Hasta luego, señoras
—Adiós, rey
—Hasta mañana, Juanico
—Adiós, "paloma".
No sé si me acostumbraré a esto algún día.
4 de noviembre de 2009
PRISAS, PUBLICIDAD Y RISAS
Y tiene razón; cómo se les ocurre a los responsables tardar tanto en terminar algo o dejar las cosas a medias. Desde luego, qué insensatez.
Cambiando de tema, yo me acabo de acordar que tengo pendiente finiquitar de una vez aquello de los Premios Diablog que hace ya tanto tiempo ideé y que aún no he concluido.
Lo ideal sería que, puesto que aún quedan más de 20 días para el esperado Día D, entrárais en esos blogs y leyérais algún que otro post al azar y así os haríais una idea aproximada del alma de cada cual (esto ha sonado muy metafísico pero yo, como diablo, os aseguro que tras muchos meses de fiel seguimiento de estas excelentes bitácoras, ya conozco las almas de sus creadores y a punto estoy de corromperlas, digo venerarlas para siempre) Cuantos más votos se reciban mucho más disfrutaré yo, camuflado tras mis calderas, viendo a los doce candidatos subir y bajar en el gráfico.
Y concluyo por hoy con el relato de unos momentos que me resultaron muy divertidos y quiero compartirlos con vosotros. Y es que en este fin de semana han ocurrido dos anécdotas memorables.
Mi madre se ha hecho siempre un cacao maravillao con esto de los nombres. Desde siempre se ha confundido muchas veces a la hora de llamarnos:
Estábamos hablando de las excentricidades que tienen algunos famosos cuando de repente exclamó:
Toda la tarde hubo pitorreo a su costa.
—Qué bien canta Maradona, ¿eh?
—Pues anda que cómo toca bola la Madonna
—Para excentricidades las de Mercadona, ¿habéis visto a cuánto tienen la lata de espárragos?
Otro momento para enmarcar es el que protagonizó un niño que a veces viene a casa porque su abuela es muy amiga de nuestra madre. El chavalín tiene unos 5 años y estaba en el salón con la tele encendida.
—¿Una palabrota? ¿Qué han dicho?
—Han dicho "capullo"
—Bueno, hijo, es que "capullo" no es siempre una palabrota . Las flores, antes de abrirse se llaman capullos y eso no es una palabrota.
—¿Capullo no es una palabrota?
—No, cariño, si es capullo de flor, no.
No hay palabras. Casi me parto.
30 de octubre de 2009
MUERTO !
Proliferan cierto día
por la calle los disfraces,
los colmillos y sangrías
en pringosos maquillajes.
Aquel parece un vampiro,
el otro una calavera;
el agujero de un tiro
va luciendo en la sesera.
Tan oscuros van los Adams
que no ven ni donde pisan
y resbalan en potadas
de niñas de El exorcista.
Un hombre lobo se esfuerza
en atrapar a una loca
con su camisa de fuerza
y espumarajo en la boca.
Nosferatu a Quasimodo
sus desventuras relata;
el segundo busca el modo
de no volcarse el cubata.
Hechiceras con verrugas,
monstruitos con tornillos,
una oreja con oruga,
una espalda con cuchillo.
Yo, qué quieren que les diga
de este delirio sin fin:
que esta moda se prodiga
y no entiendo el Halloween.
No hay más brujas que en los cuentos,
para sustos los de Hacienda,
que no dan miedo los muertos,
¡a mi me asusta mi suegra!
Las calabazas: al horno,
y las momias en Egipto,
yo los zombis ni de adorno,
para diablos... ¿no me han visto?
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26 de octubre de 2009
ADIÓS A UNA ÉPOCA
—¿A la basura? Mejor al váter —le secundo yo.
—Y quemar todas las Play Station del mundo, y las Wii y los MP3 y todas esas monsergas.
—Eso, eso, los niños a jugar a la calle con las canicas y las chapas.
—Y destruir todos los canales de televisión. Sólo dejar la Primera y la Segunda cadena.
—Y que vuelva a llamarse UHF.
—Por supuesto, y que la tele acabe pronto. ¡Y a la cama! Nada de programas de teletienda de madrugada. Que vuelva La Clave, y El hombre y la tierra y el Un, dos, tres en blanco y negro.
—¿En blanco y negro? ¿Es necesario que sea en blanco y negro?
—Sí, mira, yo sé que habrá dolor, mucho dolor, pero es necesario.
—Entonces, internet... ¿desaparecerá también?
—¡¡Cómo!! ¡Y tanto!
—Joder, sí que va a ser duro.
—Y nada de Carrefures, ni Mercadonas: los ultramarinos de barrio de toda la vida y la tienda de Rosarito.
—¡Pero Rosarito murió!
—Pues se la resucita. En todo caso hay que volver a construir Galerias Preciados, que sí es de la época. Y volver a levantar piedra sobre piedra todos los cines en la ciudad y demoler las salas multicines de las afueras. Y que se vuelva a estrenar Tiburón.
—Tremendo, tío, tenemos muchísimo trabajo por delante, ¿eh?
—Mucho, mucho, pero necesario.
—Oye, ¿cuándo empezamos? ¿Tiramos ya los móviles al retrete?
—Estoo..., no, si eso ya empezamos mañana.
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—¿Y eso?
- También tendremos que volver a construir el Lloret, porque lo van a derribar para hacer un edificio de viviendas.
—¡¡Qué me dices!!
—Lo que oyes. Adiós al último reducto de nuestra niñez.
Costó mucho abrir la puerta principal; la humedad la había atascado. Fueron momentos de mucha emoción porque ninguno de los dos habíamos vuelto a entrar ¡¡en más de 20 años!!
Y os puedo asegurar que nada más abrir la puerta y acceder vivimos un auténtico viaje en el tiempo.
"Caaam-pooo, caaam-pooo", cantábamos todos en el patio con las miradas puestas en este hueco
"Los niños de 5º se despiden" quedó escrito en esta pizarra. Y una fecha: 22 de junio de 1992.
Loli Bellot reía de una forma tan contagiosa que toda la clase terminaba a carcajadas.Cuando por fin se le pasaba ese ataque de hilaridad y volvía el silencio,
Y, hala, ¡vuelta a empezar! (Para que luego dijeran que era el profesor más serio)
Javi y Pablo eran mellizos que no se parecían en nada. Formaban parte del grupo de "los gamberros". Javi se llevaba bien conmigo, todo lo contrario que su hermano, que fumaba a escondidas y yo, por ese motivo, lo miraba con recelo.
Los alumnos que llevábamos los estudios algo flojos teníamos la opción de asistir a
las "clases nocturnas" que impartían los mismos profesores
de 6 a 8 de la tarde por 1000 pesetas al mes.
Antes de entrar, mi madre se acercaba con su coche y mi hermano y yo merendábamos con ella en el interior del vehículo. En las frías tardes de invierno traía a veces boniatos recién sacados del horno. Aquellos momentos se han convertido en felices e imborrables episodios de mi vida.
Orlas y diplomas que encontramos en el despacho de Don Miguel, aquel lugar en el que se aprendía a sumar "bajo presión" y que nos pareció diminuto al volverlo a ver.
Pocas semanas después de aquella última visita, el Colegio Lloret pasaba a formar parte del recuerdo. En su lugar hay hoy un edificio que, al menos, le brinda un homenaje.20 de octubre de 2009
EL AÑO EN QUE MURIÓ LENNON
En aquellos años en los que fuimos creciendo y asistiendo al colegio juntos, Nani fue como una diosa inalcanzable a la que no me hubiera atrevido jamás a decirle cuánto me gustaba.
Brillante en sus estudios, no bajaba nunca de los sobresalientes, lo que la convertía en la mimada de todos los profesores. Pero lo que para algunos compañeros era razón para tacharla de empollona, para mí era una muestra más de su perfección y de lo inaccesible que a la fuerza resultaba para alguien como yo, que tenía el boletín plagado de notas bajas.
Nunca se sentó cerca de mí, por lo que en los diferentes cursos por los que fuimos pasando me conformaba con mirar su nuca o su perfil sin que se percatara jamás de cuántas veces se posaron mis ojos en ella.
Nani tenía una hermana, Yolanda, dos años menor, que coincidía con mi hermano Tomás en otro curso. Para completar este cuadro de relaciones hermanos-hermanas, a Tomás le gustaba Yoli, y ambos hablábamos constantemente de ellas. En casa nos inventábamos historias en las que éramos héroes absolutos en gestas en las que, cómo no, Nani y Yoli siempre destacaban a nuestro lado. Llegamos incluso a inventarnos una tonta canción en la que aparecían sus nombres y el de nuestro perro Velocín y que aún somos capaces de recordar.
Un día nuestra madre, que por supuesto debió escuchar en más de una ocasión aquellas conversaciones nuestras, nos dijo:
—¿Queréis hacer un regalo a Nani y a Yoli?

—Regaladles esto y veréis lo mucho que les gusta - nos dijo mientras nos entregaba uno a cada uno.
—No, yo no le voy a dar eso - dijo Tomás
—¿Por qué no?
—Porque me da corte - contestó
—No seáis tontos —nos alentaba— hacedme caso y regaládselos. Se van a sentir muy halagadas y es un detalle que les va a gustar mucho. No tenéis más que decirles, "Toma, esto es para ti, te lo regalo" y ya está.
—Vale —exclamó mi hermano—,yo se lo doy.
Y estimulado por sus nuevos ánimos pensé que debíamos hacerlo, que por mucha vergüenza que sintiera, era algo realmente bonito que sabrían agradecer.
Esa misma tarde volvíamos al colegio con nuestros ramilletes en el interior de las carteras, colocados de forma que no se estropearan por el peso de los libros. A mí me latía el corazón con fuerza por el entusiasmo que me acompañaba, pero nada más entrar a clase y ver a Nani quedé paralizado en mi asiento, con la plena seguridad de que no lo iba a hacer. Tan asustado estaba que tuve que convencerme a mí mismo de que nadie me estaba obligando a hacer nada y que no lo haría y punto. Y así, cuando lograba tranquilizarme, de nuevo comenzaba a rebrotar poco a poco el coraje perdido y una voz interna parecía decirme : "Hazlo, no seas tonto, hazlo". Volví a mi asiento con el corazón desbocado, solté las flores dentro de la cartera y no lo intenté más.
Esa noche las tiré al cubo de la basura. Ya estaban marchitas, como mis ánimos.
Los dos hermanos comentamos después nuestros intentos fallidos. Bueno, Tomás ni siquiera lo intentó pero no sintió el fracaso como yo lo sentía. Al fin y al cabo sólo tenía 11 años y para él había sido como un juego.
Pero en aquel curso de 1980-81, el último año de colegio, Nani se sentó por primera vez más atrás que yo, por lo que no tenía más remedio que volverme si quería mirarla. En algunas ocasiones me giraba con disimulo y la encontraba concentrada en alguna lectura o haciendo un ejercicio, otras veces se percataba de mi movimiento y nuestras miradas se cruzaban por un instante en el que yo le sonreía y ella, tras devolverme la sonrisa, seguía con sus quehaceres. Mi compañero, José Ramón, que ya sabía de ese amor platónico que yo sentía por Nani, me hacía comentarios de pitorreo en voz baja.
—Cabrera, ¿a quién miras?
Un día, gracias al ambiente especial ante la inminente llegada de las
navidades, se decidió hacer una jornada de actividades lúdicas en la que se preparó un concurso imitando al Un, dos, tres con el que jugar al día siguiente. De una bolsa con el nombre de los chicos se extrajo uno al azar.
—¡Juan ! —dijo el profesor— Y con Juan estará... —y sacó otro papel de la otra bolsa— ¡ Nani !
¡Me había tocado con Nani! Llegué a mi casa con las orejas ardiendo y un nerviosismo latente: ¡ al día siguiente me sentaría a su lado y seríamos el centro de atención de toda la clase! Por una parte estaba muy ilusionado pero por otra estaba cagadito de miedo.
Esa mañana asistí al colegio con mi mejor jersey y camisa, bien perfumado y peinado. Había que estar a la altura...
Al sentarse Nani a mi lado, noté que el jersey me abrigaba en exceso pues me comenzaron a sudar hasta los pelos de la cabeza por lo que opté por quitármelo. Al poco tenía frío; eso sí, otra vez las orejas parecían dos intermitentes al rojo vivo.
—Primera pregunta: aparatos eléctricos que se pueden encontrar en una cocina.
Lo primero que me salió fue "Friegaplatos" y escuché algunas risas que no entendí. Luego me explicaron que se decía "Lavavajillas", pero es que estaba tan asustado...
Después, en casa, echado en la cama y mirando al techo, rememoraba yo cada escena vivida en ese día especial en el que por primera vez - y única en mi vida - fui pareja de Nani.
En la radio no dejaban de escucharse canciones de John Lennon. Un loco le había disparado a la puerta de su apartamento en el hotel donde vivía.
















