GIRO II
(En el que encontramos a nuestro vigilante de la torre, Gonzalo de Querencia, rastreando entre unos arbustos junto a las faldas del castillo. A no mucha distancia, los dos guardianes de la puerta le observan caminar en círculos, mirando al suelo)
GUARDIÁN 1: ¿Veis a aquel pazguato? ¿Cuánto tiempo lleva allí y qué diantres está haciendo?
GUARDIÁN 2: Eso mismo me preguntaba yo. Ni lo vi salir ni tampoco llegar. Me resulta harto sospechoso.
GUARDIÁN 1: Callad un momento... ¿Oís? Diría que está hablando solo.
GUARDIÁN 2: Sí, habla solo. Estemos alerta, todo apunta a que va a ser un robot.
GUARDIÁN 1: Ah, pues mucho nos jugamos si otro espasmódico de esos entra en la ciudadela. Ya sabéis qué órdenes nos han sido dadas.
GUARDIÁN 2: ¡Por los pucheros de mi abuela! ¡Son como ratas!
GUARDIÁN 1: Y si las ratas portan la peste, Dios sabe qué podrían traer estos robots a nuestras familias.
GONZALO: (llega su voz desde lejos) ¡Maldita sea mi suerte! ¿¿Dónde está??
GUARDIÁN 1: Averigüemos algo de una vez, ¡preguntadle qué hace!
GUARDIÁN 2: (alzando la voz) Eh, señor, ¿puede saberse qué es lo que hacéis?
GONZALO: ¡Busco mi reina!
GUARDIÁN 2: (en voz baja a su compañero?) ¿Ha dicho que busca a la reina?
GUARDIÁN 1: (gritando) ¿Podéis repetirlo?
GONZALO: ¡¡Busco mi reina!! ¡¡Se me cayó de lo alto de la torre!!
GUARDIÁN 2: (a su compañero) ¿Pero qué dice ese chalado? ¿Qué la reina se ha caído desde la torre?
GUARDIÁN 1: (gritando) ¿De qué reina habláis? ¿De nuestra reina?
GONZALO: ¡No, de mi reina, la de mi juego, la de los pechos de nácar!
GUARDIÁN 2: (a su compañero) Una de dos, o es un amante de la reina o es un loco de atar. O tal vez un amante de la reina, despechado y loco de amor.
GUARDIÁN 1: Jamás digáis en público que la reina tiene amantes.
GUARDIÁN 2: ¡Pero los tiene!
GUARDIÁN 1: Sí, los tiene, pero se supone que nadie lo sabe. Cuidaos de decirlo en voz alta
GUARDIÁN 2: Pues ese lo sabe, y además lo pregona a gritos. Como se entere su majestad que la reina tiene pechos de nácar...
GUARDIÁN 1: ¡No seáis majadero! Y no nos dejemos engañar, esos robots podrían ser cada vez más sofisticados. ¿Y si está haciendo la pantomima de ser un loco?
GUARDIÁN 2: ¡Cuidado, parece que se acerca!
GUARDIÁN 1: ¿Tenéis preparados los carteles?
GUARDIÁN 2: Aquí mismo están.
(Un cabizbajo Gonzalo se acerca a las puertas del castillo)
GUARDIÁN 1: ¡Alto a la guardia del castillo! ¡Identificaos!
GONZALO: Soy Gonzalo de Querencia. El vigilante de la torre.
GUARDIÁN 2: El vigilante, ¿eh? ¿Y dónde está la Reina? ¿La tenéis bien vigilada?
(Su compañero le pisa un pie para despertar su prudencia)
GONZALO: Finalmente no la he hallado... Cayó por ahí, pero me rindo, he de volver a mi puesto.
GUARDIÁN 1: ¿Cuál es vuestro puesto?
GONZALO: Ya os lo he dicho: dadme licencia para subir a mi torre.
GUARDIÁN 1: ¿El vigilante decís? Un vigilante jamás abandona su puesto.
GONZALO: ¡Por San Emepetresio!, ¿creéis que no lo sé? ¡¡Pero necesitaba bajar unos minutos para recuperar esa reina!! Figura tan bella, tan delicada... La moldeó mi padre con sus propias manos y un buen día me la entregó para mi uso y disfrute.
GUARDIÁN 2: (en susurros a su compañero) Está claro que ES un robot. No conoce a la reina. Nuestra reina no es tan apetecible... Ohh, bueno, está bien, no me piséis más.
GUARDIÁN 1: ¿Cómo se llama nuestra Reina?
GONZALO: ¿Eh? ¡Ah! Doña Nicolasa de Tangaza.
GUARDIÁN 1: ¿Y tanto la conocéis?
GONZALO: Ah... pero no, un momento, yo no buscaba a nuestra reina, yo hablaba del ajedrez.
GUARDIÁN 1: En cualquier caso, no podéis entrar sin demostrar que no sois un robot.
GONZALO: ¿Un robot yo? ¡Pero cómo voy a ser un robot! Me estáis viendo, me estáis escuchando. ¡Soy el vigilante de la torre!
GUARDIÁN 2: Si es así, leed esto:
GONZALO: ¿¡Pero cómo!?… ¡semejante humillación hacia mi persona! … En fin, todo sea por demostraros cuán incompetentes sois. A ver… SAAOPM
GUARDIÁN 2: ¡Ja! ¡Erráis! Dice SAFTOPM. ¡Marchaos, no podéis entrar!
GONZALO: ¡Por San Ifoniano! ¿Y por qué utilizáis letras borrachas? ¡Mostradme otro cartel!
(Se oye un leve llanto a sus espaldas. Por el camino al castillo se acerca una vieja que anda encorvada. Lleva a un niño pequeño aferrado a su mano y les sigue un perrito de aspecto nervioso)
NIÑO: ¡Buaaa, tengo hambre!
VIEJA: Pacencia, zagalico mío, pacencia, que ya llegamos. Buenas tardes, señores, dejen paso, dejen paso.
GUARDIÁN 1: ¡Alto a la guardia del castillo! Esperad vuestro turno, señora.
VIEJA: ¡Púe! ¡De esperar nada!, ¿no ven que mi niño tiene hambre? Vengo a comprar leche y morcillas.
GUARDIÁN 2: Aguardad un momento. Se han de pasar unas pruebas, y aquí, el caballero, estaba primero. (Levanta ante los ojos de Gonzalo otro cartel) Leed esto.
GONZALO: O-FI-A-MIN
GUARDIÁN 2: Bien, ¿y la cifra?
GONZALO: ¡Santo Shiba! Ni mis ojos, que todo lo ven, son capaces de leer eso. ¿Qué lente utilizáis? Debe tener más mierda que las caballerizas.
NIÑO: (llorando) Tengo hambre
VIEJA: Caballero, llevo mucha prisa. ¡Diga 139 y pasemos todos!
GUARDIÁN 1: Le ruego no atosiguéis, señora.
GONZALO: ¡Hacedle la prueba a ella primero, ese niño me encrespa los nervios!
GUARDIÁN 2: Veamos, señora, decidme qué leéis aquí.
VIEJA: ¡NALIZAS 240!
GUARDIÁN 1: Es correcto, podéis pasar.
VIEJA: Gracias. Era fácil. ¡Hasta un niño lo entendería!
GUARDIÁN 1: ¿El chucho viene con vos?
VIEJA: Sí, sí. Buenas tardes, caballeros.
GONZALO: ¡Maldita sea mi sombra! ¡No me vais a dejar aquí para siempre! ¡Otro cartel!
GUARDIÁN 2: Este mismo:
GONZALO: ¡Tamaño dislate! ¿Me tomáis el pelo? ¡No es posible leer eso!
GUARDIÁN 2: Los robots tampoco pueden.
GONZALO: (montando en cólera) ¡¡Basta!! ¡¡No soy un robot!! ¿No veis que formo parte de esta ciudad? Soy... ¡¡soy humano!! ¡Mirad, mirad mis lágrimas! ¿Acaso lloran los robots? ¡Dejadme entrar, os lo ruego!
GUARDIÁN 2: (mirando indeciso a su compañero) ¿Qué hacemos? A mí ya no me parece tan robot.
GUARDIÁN 1: ¡Cómo se nota que sois funcionario fijo! Los interinos aún nos tomamos el trabajo en serio. Lo siento pero nadie pasará sin demostrar no ser un robot.
(Gonzalo se apresura a sacar de su bota una daga con la que hace un corte en la palma de su mano. Empieza a sangrar)
GONZALO: (furioso) ¡Mirad mi sangre, botarates! ¡Ningún robot sangraría como yo!
(Y empujando a los dos guardianes, entra en el castillo sin que se lo impidan)
GIRO III
(Gonzalo corre por el patio de armas hacia las escaleras de la torre. Sube apresurado los altos escalones. Le duele el corte en la mano, pero aún más la humillación de la puerta)
GONZALO: (jadeando entre sudores) ...157, 158, 159, 160... maldita mi suerte... 162, 163, 164, 165... maldita mi estampa..., 167, 168, 169, 170... ¡¡malditos todos!!
(En el escalón 180 se topa con el niño de la entrada, que, sentado, está dando trozos de morcilla al perrito)
GONZALO: ¡¡Aparta, mocoso!! ¡Este no es lugar para un niño!
NIÑO: (sonriéndole y con un extraño brillo en los ojos) Os entiendo, señor, pero my thankfulness for this wonderful site. You can visit my weblog "Beds for kids"
PERRO: ¡¡GUAU GUAU fuck bạn, thằng ngốc!! Arf, arf...
(El vigilante les esquiva horrorizado, y continúa subiendo sin aliento)
GONZALO: ...198, 199, 200, 201 y...
RECAREDO: ¡¡Dichosos los ojos que os ven, amigo Gonzalo!! Ya empezaba a pensar que habíais tomado gusto al campo. Ganas tenía de veros aparecer, pues tengo una grata sorpresa que daros ¿Sabéis algo gracioso? He contado las fichas del ajedrez ¡y están todas! ¡Aquí está la reina blanca también! Lo que vi caer debió ser un frasquito de arnica que llevaba en un bolsillo. Qué cosas ¿eh?... Pero, ¿no decís nada?... Permitidme expresar mi desagrado hacia vos: traéis un aspecto horroroso... ¡y qué veo! ¿sangráis? ¿habéis estado apartando espinos acaso? En verdad os digo que os tomáis las cosas demasiado en serio. Si llego a saber que tardaríais tanto en volver, habría bajado yo mismo... ¡Pero, diantres, por qué me miráis de esa forma!
(...)
GUARDIÁN 2: (a su compañero) Esta misión es harto agotadora. Tantas horas aquí plantado hacen que mis ojos se engañen con visiones. ¿Sabéis lo que diría haber visto? Un hombre volando con una larga venda atada a un pie.
FIN
(Dedicado a Ripley,
que detesta tanto las palabras de verificación,
que me hace sospechar que sea un robot)
que detesta tanto las palabras de verificación,
que me hace sospechar que sea un robot)


















