Algún amigo de la familia, observando nuestra natural tendencia a garabatear cualquier dibujillo cada vez que tenemos a mano un bolígrafo, acuñó aquella frase que tan famosa se haría: “Más feliz que un Cabrera con un boli”
Es verdad, los tres hermanos tenemos ese impulso en común, dibujar lo primero que nos viene a la cabeza en cuanto se nos pone a la vista un bolígrafo y cualquier superficie de papel.
Cuando mi abuela terminaba de leer las revistas del corazón a las que era asidua, yo adornaba a sus protagonistas con gafas, bigotes, bocas melladas... y ponía sobre sus cabezas bocadillos con textos jocosos. Después Tomás añadía aún más gracia al conjunto con nuevos dibujos y otros comentarios, y así aquella prensa rosa terminaba siendo un desfile de caricaturas de lo más divertido.
Fran es mucho más artista. Él es capaz de dibujar, como el que no quiere la cosa, una obra de arte en una simple servilleta de papel, en el reverso de una caja de cereales o sobre una piedra si le da por ahí. Algún día mostraré algunos ejemplos para que constatéis que no exagero cuando digo que son verdaderas obras de arte.
Pero en la entrada de hoy me voy a centrar en una de las “especialidades” de Tomás: pintar sobre la piel.
Me acuerdo de lo satisfecho que quedó Samuel del tatuaje de un reloj que le hizo a boli en su muñeca, o de lo mucho que les gusta a Aitana y a sus primas que les dibuje en los brazos flores o corazones con sus nombres.
Cuando se esmera y utiliza más colores el resultado puede ser espectacular.
Basándose en el tatuaje real de una amiga, pintó otro a nuestra sobrina Anna. A ver quién acierta cuál es el tatoo real y cuál el pintado por Tomás.
El año pasado, una cadena de gimnasios convocó un original concurso a nivel nacional. Había que enviar una foto de la barriga, pintada con algún dibujo ocurrente. Como el premio era un año de gimnasio gratis, probó suerte con la barriga de Fran.
Y le estampó esta jugosa manzana con gusano incluido (en plena forma física, por cierto)
Qué mejor lienzo de piel que el vientre de una embarazada. A la primera que pidió permiso para dibujar "sobre esfera" fue a Apamen, hace ya 8 años.
Desde entonces, decorar las barrigas de las madres "que llevan a su bebé a casette", como decía Mafalda, se ha hecho un clásico tomasiano en constante evolución.
También ha probado con el maquillaje propio de los efectos especiales, como esta hermosura, que podría titularse "Agujero negro de mis entrañas"
O, echando mano de pintura fluorescente, creó estos esqueletos vivientes.
Y aunque hay otras muchas barrigas, pondré aquí el punto final, que no es mi intención empachar.
La del mismo Tomás, que espera que os haya gustado la entrada, se despide de todos vosotros escuchando a Barry(ga) White. (Observad que dos sobrinos le ayudan a formar el cuadro :D)
































